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Je t'élève au premier rang et je reste en dehors: entraîneurs sans récompense après promotion

Dernière mise à jour 29 Septembre, 2026 pour le football accroché

En la fotografía, Manolo Preciado está por encima de todos. Lo llevan a hombros, con la camisa arremangada, la corbata suelta y esa sonrisa que al levantinismo no hace falta explicarle. Es la imagen de un entrenador que acaba de devolverle algo enorme a su gente. Lo que la foto no puede contar es que el banquillo de Primera que acaba de conquistar no será para él.

Hay entrenadores que no siguieron tras un ascenso. Dicho así parece una curiosidad estadística. Hasta que uno se detiene en lo que significa: preparar un equipo, aguantar un campeonato, cumplir el objetivo y despedirse justo cuando llega la oportunidad por la que se ha trabajado. En el fútbol puedes ganarte un sitio en la historia del club sin conservar el sitio del lunes por la mañana.

No todos fueron despedidos. Hubo contratos que no se renovaron, negociaciones que no llegaron a un acuerdo y separaciones anunciadas de mutuo acuerdo. Conviene distinguirlo. Lo que comparten estas historias es otra cosa: quien consiguió el ascenso no dirigió al equipo en la categoría que acababa de alcanzar.

Manolo Preciado y el Levante de 2004: a hombros hacia una despedida

Il 5 Juin 2004, el Levante ganó en Jerez y volvió a Primera División. Habían pasado 39 años desde su última temporada en la máxima categoría. No hay que confundirlos con los 41 transcurridos desde el ascenso de 1963: son dos esperas distintas que a menudo se mezclan al recordar aquella tarde.

La diferencia importa, pero la magnitud se entiende igual. Casi cuatro décadas dan para que un niño se haga adulto sin ver a su equipo entre los grandes. Por eso aquel partido no fue simplemente un resultado favorable. Fue el día en que el levantinismo pudo dejar de hablar de Primera en pasado.

El equipo de Preciado remontó con los goles de Reggi y Rivera, este último de penalti. Il Museo del Levante conserva el relato de aquella tarde, uno de los capítulos centrales de la historia de los ascensos granotas. En el campo estaban los futbolistas; sur le banc, un hombre que iba a quedarse para siempre en la memoria del club.

Pero quedarse en la memoria no significó quedarse al frente del equipo. El Levante decidió no renovar a Preciado, cuyo contrato vencía el 30 de juin. Bernd Schuster fue el elegido para dirigir al recién ascendido, tal y como recogió UEFA el 18 Juin 2004. Preciado había llevado al equipo hasta el título de Segunda. Ni eso le garantizó la continuidad.

El detalle más humano lo dejó él mismo. Selon la crónica de AS publicada el 19 de juin, había intuido su salida el día del ascenso al advertir ausencias en el vestuario durante la celebración. El periódico resumió su explicación con un titular demoledor: «Supe que no seguiría el día del ascenso».

No hace falta inventar qué pensó en cada abrazo. Lo que contó basta para entender la contradicción. La grada celebraba el futuro y el entrenador ya encontraba señales de que no formaría parte de él. Hay despedidas que se anuncian en una rueda de prensa y otras que empiezan bastante antes.

El Levante descendió al acabar la temporada siguiente, después de que Schuster también saliera y José Luis Oltra asumiera el tramo final. Eso no demuestra que con Preciado se hubiera salvado: ese campeonato no llegó a existir. Lo que sí ocurrió fue que el técnico del ascenso no tuvo la oportunidad de intentarlo.

2004: los tres ascendidos cambiaron de entrenador

Preciado no fue una excepción solitaria aquel verano. Los otros dos equipos que subieron a Primera, Getafe y Numancia, también estrenaron técnico. Tres ascensos y ninguno de sus entrenadores al frente en la nueva categoría. Cuesta encontrar una forma más clara de explicar lo poco que puede durar un premio en este oficio.

Josu Uribe: abrir una puerta que cruzaría otro

Josu Uribe condujo al Getafe a su primer ascenso a Primera en 2004. No era recuperar una condición perdida: era llegar donde el club nunca había estado. Cependant, aquel estreno tuvo otro entrenador. Quique Sánchez Flores ocupó el puesto para la nueva temporada, como documentó UEFA al anunciar su llegada.

El primer ascenso solo sucede una vez. Los siguientes pueden ser igual de emocionantes, pero ya no descubren el territorio. Uribe quedó unido a esa primera vez; la primera alineación del Getafe en la élite la decidiría otro.

Quique Hernández: tampoco hubo continuidad en Soria

Quique Hernández logró el ascenso con el Numancia, pero tampoco siguió. El elegido para la etapa de Primera fue Francisco López Alfaro, procedente del Real Jaén. Su nombramiento quedó recogido el 6 Juillet 2004.

Tres clubes distintos tomaron el mismo camino. Eso no convierte sus decisiones en idénticas ni permite atribuirles una sola causa. Sí deja una pregunta incómoda: si conseguir exactamente lo que te habían pedido no basta para continuar, ¿qué puede darte seguridad en un banquillo?

Jokanovic y el Watford: el ascenso no cerró el contrato

Dans 2015, Slavisa Jokanovic llevó al Watford a la Premier League. No continuó tras fracasar las conversaciones para renovar y lo sustituyó Quique Sánchez Flores. Il repaso de FourFourTwo a los entrenadores del club recoge aquella separación. No fue perder el puesto por una mala racha: terminó su etapa después de cumplir el gran objetivo.

En una negociación hay dos partes y no todas las rupturas caben en el relato del héroe maltratado. Pero el resultado vuelve a producir extrañeza: el ascenso resolvió el futuro deportivo del equipo sin resolver el futuro laboral de quien lo había dirigido.

Darren Moore: de Wembley a la separación en tres semanas

El caso de Darren Moore tiene una precisión necesaria: el Sheffield Wednesday ascendió en 2023 a la Championship, la segunda categoría inglesa, no a la Premier. Eso no le quitó emoción. Tras remontar en semifinales una eliminatoria que había comenzado con un 4-0 contre, el equipo ganó la final de Wembley con un cabezazo de Josh Windass al final de la prórroga. Le crónica de la EFL conserva ese desenlace.

Il 19 de juin, tres semanas después, se anunció la salida de Moore de mutuo acuerdo, según informó Sky sports. La fórmula importa: no conviene convertirla sin más en un despido. El contraste también importa. Entre levantar un trofeo y dejar de ser el entrenador del equipo apenas había cabido un mes.

La grada recuerda de otra manera

Un club no está obligado a renovar eternamente a quien le hizo feliz. Hay presupuestos, desacuerdos y decisiones deportivas que no se pueden resolver solo con gratitud. Tampoco sería justo juzgar siempre al sustituto como un intruso: él llega a hacer su trabajo.

Pero el fútbol pierde algo cuando cuenta estas salidas únicamente como movimientos de mercado. Detrás de un ascenso hay un trabajo compartido que merece ser reconocido incluso cuando se decide empezar otra etapa. Se puede cambiar de entrenador sin borrar al anterior del relato.

Estatua de Manolo Preciado en Gijón, con los brazos abiertos
La estatua de Manolo Preciado en Gijón. Su huella no terminó en una decisión de despacho. Photo: archivo de Colgados / Gazouillement.

Por eso merece la pena volver a la figura de Manolo Preciado. No hace falta convertirlo en un santo ni inventarle una última frase. Basta mirar de nuevo la fotografía de Jerez: la gente lo lleva a hombros. Su contrato estaba a punto de acabarse, pero lo que acababa de conseguir ya no podía quitárselo nadie.

El banquillo de Primera fue para otro. Aquella tarde seguirá siendo suya.


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