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Highbury: el estadio del Arsenal que se convirtió en viviendas

Última actualización 18 octubre, 2026 por Alberto Llopis

Highbury dejó de ser un estadio, pero se resistió a desaparecer. La antigua casa del Arsenal se convirtió en un complejo de viviendas que conserva parte de sus fachadas y un jardín donde antes estaba el terreno de juego. Entre 1913 y 2006, aquel rincón del norte de Londres fue una dirección futbolística de las que no necesitaban presentación. Ahora se llama Highbury Square. Cambiaron las llaves de las puertas, los vecinos y el ruido de los domingos. La silueta todavía permite reconocer lo que hubo allí.

Hay campos que terminan bajo una excavadora y sobreviven en fotografías. Con Highbury ocurrió algo más extraño: una parte de su arquitectura siguió en pie mientras el fútbol se marchaba. Mirar sus imágenes actuales produce una sensación difícil de explicar. Donde el aficionado busca una portería encuentra un jardín; donde espera una grada, ventanas. El lugar existe. Lo que ya no existe es la posibilidad de volver a un partido.

Imagen de portada: Highbury Square en 2022. Foto: Arne Müseler / arne-mueseler.com / CC BY-SA 3.0 Alemania. Fuente: Wikimedia Commons. Versión reducida para web.

El Arsenal no siempre estuvo en Highbury

El viaje empezó al otro lado de Londres. El Arsenal jugaba en Plumstead antes de que Henry Norris impulsara su traslado al norte de la ciudad. En 1913, el club cambió de barrio y de horizonte: dejó el Manor Ground y se instaló en unos terrenos vinculados al St John’s College of Divinity. No llegó a un estadio terminado y reluciente, sino a una obra que todavía tenía trabajo por delante.

La inauguración deportiva llegó el 6 de septiembre de 1913, con un 2-1 frente al Leicester Fosse. El proyecto original llevaba la firma de Archibald Leitch, un nombre inevitable cuando se habla de la arquitectura del fútbol británico. El relato histórico del Arsenal sobre el traslado recuerda hasta qué punto aquella decisión cambió el rumbo del club. Antes de convertirse en una pérdida sentimental, Highbury había sido una apuesta por crecer.

Una fachada que parecía demasiado elegante para un campo de fútbol

Conviene no meter todas las épocas en la misma fotografía. El estadio de 1913 y el Highbury que muchos aficionados recuerdan no eran exactamente el mismo. La tribuna este, con su famosa fachada hacia Avenell Road, fue construida en 1936 según el diseño de William Binnie. Ahí apareció esa imagen art déco que permitía reconocer el campo incluso sin ver una brizna de hierba.

La ficha de protección de Historic England recoge su catalogación como edificio de grado II. No se trataba únicamente de salvar una pared bonita: el conjunto incluía espacios de administración, recepción y dependencias para los jugadores. La entrada, los materiales y el emblema del cañón expresaban una idea de club. El fútbol también se contaba antes de atravesar el torno.

Fachada art déco de la tribuna este de Highbury en Avenell Road
La fachada este de Highbury, fotografiada en 2005. Qwghlm; ajuste de brillo de Soerfm / Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0.

El Clock End: cuando una grada tenía su propio apellido

A Highbury no lo explica solamente su fachada. También lo explican los nombres que se quedaron en la conversación del aficionado: North Bank, Clock End, las tribunas este y oeste. Son palabras que colocan a cada uno en su sitio. Un estadio acaba siendo eso: una geografía compartida que se aprende mucho antes de consultar un plano.

El reloj era uno de sus símbolos más reconocibles. Cuando llegó la mudanza, tampoco quedó abandonado como un trasto viejo: el Arsenal documenta su retirada de Highbury el 27 de julio de 2006 y su traslado al entorno del Emirates en su historia del reloj del club. El nuevo campo necesitaba metros y asientos, pero también necesitaba llevarse algo que sus aficionados pudieran reconocer como suyo.

El Clock End de Highbury con el campo y las gradas antes de su cierre
El Clock End cuando Highbury todavía era un estadio. Qwghlm / Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0.

Henry se encargó de apagar las luces

El último partido se jugó el 7 de mayo de 2006. Arsenal y Wigan no ofrecieron una despedida tranquila: ofrecieron un 4-2, una remontada y un hat-trick de Thierry Henry. Robert Pirès marcó primero, pero Paul Scharner y David Thompson pusieron por delante al visitante. El viejo campo tuvo que pasar otra vez por el sobresalto antes de despedirse.

Henry empató antes del descanso y después volvió a marcar 2 veces. El último gol de Highbury llegó de penalti en el minuto 76. La crónica conservada por el archivo histórico del Wigan permite seguir aquel marcador sin convertir el recuerdo en una postal demasiado cómoda: el rival también jugó, también hizo daño y también formó parte de la despedida.

Además, el Arsenal acabó 4.º y se llevó el puesto de Champions después de la derrota del Tottenham frente al West Ham. Había emoción por lo que terminaba, pero también urgencia por lo que empezaba. Esa mezcla explica mejor la tarde que cualquier frase solemne. Mientras unos miraban por última vez su asiento, el equipo todavía estaba disputándose su futuro.

El resumen oficial del Arsenal del último partido en Highbury devuelve el movimiento a unas imágenes que muchos conservan congeladas. Basta ver el ritmo de la remontada para recordar que las despedidas no siempre permiten sentarse a llorar.

Highbury Square: qué se conservó y qué desapareció

La transformación posterior no consistió en conservar intacto el estadio y colocar unos muebles dentro. Según el proyecto de Allies and Morrison, Highbury Square reúne 725 viviendas. Las tribunas este y oeste se adaptaron al nuevo uso, mientras que los antiguos fondos dejaron paso a nuevas edificaciones. La intervención combinó conservación y obra nueva.

El vacío central fue la decisión más expresiva. En vez de ocuparlo también con edificios, el proyecto dejó un jardín en el espacio del antiguo campo. Así, la forma del estadio continuó siendo legible. No hace falta imaginar una grada que ya no está: la disposición de los edificios conserva la relación entre los laterales, los fondos y ese centro que antes reclamaba todas las miradas.

El propio Arsenal explica qué partes de Highbury sobrevivieron: las fachadas art déco este y oeste y el recuerdo espacial del terreno de juego, convertido en jardín privado. Esa última palabra importa. No estamos ante un parque público al que cualquiera pueda entrar a recrear un gol, ni hay que confundir la conservación de las dimensiones del campo con la permanencia de su césped original.

¿Se puede visitar el antiguo estadio del Arsenal?

Se puede acercar uno al exterior y contemplar desde la vía pública la fachada de Avenell Road. Es una forma de entender el barrio y la escala del antiguo estadio. El interior residencial y sus zonas comunes, en cambio, no deben tratarse como una atracción de acceso libre: allí vive gente. La visita al Emirates y un paseo por el antiguo Highbury son experiencias distintas, aunque compartan la misma historia.

El caso encaja entre los equipos que cambiaron de estadio en el siglo XXI, pero tiene una particularidad. Aquí la mudanza no borró por completo la dirección anterior. Quedó suficiente edificio para que el visitante entienda la pérdida y suficiente transformación para que no se engañe: el Arsenal ya no juega allí.

Por eso Highbury merece seguir figurando entre esos estadios que forman parte de la memoria del fútbol. No por competir en capacidad con los actuales, sino por algo que una ampliación no puede fabricar. Durante 93 años, miles de personas aprendieron a llegar hasta esas puertas para ver a su equipo. Hoy alguien vuelve del trabajo, abre una de ellas y entra en casa. El fútbol se fue. La dirección sigue siendo la misma.


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