Alemania se impuso a Francia en un partido espectacular y bronco

Colgados por el Fútbol presenta uno de los mejores partidos de todos los tiempos: la semifinal del Mundial de España entre Francia y la RF de Alemania disputada en el Sánchez Pizjuán de Sevilla, donde los alemanes lograron clasificarse para la cuarta final de un campeonato del mundo después de una prórroga de infarto llena de alternativas y de una tanda de penaltis inolvidable.

El partido disputado un 8 de julio de 1982 enfrentaba a dos de los grandes favoritos de cara al título: una Francia basada en la técnica y el talento del gran maestro Platini y una Alemania, que tenía en la fuerta y la solidez defensiva sus principales armas.

El partido empezó bien para los alemanes, que tras avisar con un lanzamiento al palo se adelantaron en el minuto 25 gracias a Pierre Littbarski. Sin embargo, la reacción francesa no se hizo esperar y después de un asedio continuo a la puerta de Toni Schumacher, Dominique Rocheteau era objeto de un penalti que transformaría Michele Platini.

Con empate a uno se llegó al descanso. La segunda mitad vendría marcada por el incidente entre el francés Patrick Battiston y Schumacher. Platini había enviado un balón en profundidad a Battiston, que cuando estaba a punto de alcanzar el cuero, se vio arrollado por el portero alemán. Mientras el personal médico atendía al jugador inconsciente, Schumacher volvió a su portería y comenzó una serie de ejercicios de estiramiento que encendieron los ánimos de los aficionados galos. Cuando el árbitro holandés Charles Corver decidió no sancionar la acción del guardameta alemán, y ni siquiera conceder la falta, la afición francesa estalló contra Schumacher, quien, a partir de entonces, recibió estruendosos abucheos cada vez que tocaba el balón.

A medida que el partido se fue acercando a la prórroga, los franceses se lanzaron a la yugular de su oponente, y el equipo de Jupp Derwall se vio obligado a emplearse con dureza para repeler los ataques que amenazaban con romper su defensa. En el minuto 83, Manuel Amoros estrelló el balón en el poste, pero fueron los alemanes quienes dispusieron de oportunidades en los últimos minutos, por mediación de Breitner, en primer lugar, y de Forster, más tarde, que obligaron a lucirse a Ettori.
Con empate a 1 se llegó a una prórroga absolutamente histórica y solo comparable a la que habían protagonizado doce años antes la propia Alemania e Italia en el partido del siglo. No habían transcurridos ni siquiera dos minutos, cuando Marius Tresor metió el pie tras el lanzamiento de una falta desde el borde derecho del área y, desde 12 metros, logró batir a Schumacher (2-1). El entrenador alemán, Jupp Derwall, no perdió el tiempo. Sentó a Hans-Peter Briegel, agotado por el esfuerzo, y puso sobre el césped al cazagoles Karl-Heinz Rummenigge.

 

Sólo siete minutos después del gol de Tresor, Alain Giresse establecía el 3-1 con un lanzamiento desde el borde del área. El combinado alemán empezaba a tambalearse y, nada más reanudarse el juego, el árbitro anuló un gol de Klaus Fischer; ante tales circunstancias cualquier equipo hubiera tirado la toalla, pero no Alemania. Cuando Rummenigge hizo subir el 3-2 al marcador, justo antes del descanso de la prórroga, quedó patente que el partido seguía vivo.

 

Fue Klaus Fischer el encargado de devolver el equilibrio al marcador, y lo hizo con un gran gol. Su golpe de bicicleta en el minuto 108 pareció salir de la nada y, de pronto, de forma increíble, los alemanes habían logrado llevar el partido hasta la tanda de penaltis.
En la tanda de lanzamientos desde los 11 metros Alain Giresse adelantó a los franceses en el marcador (1-0). El capitán alemán, Manfred Kaltz, logró la igualada (1-1). Amoros para Francia, Breitner para Alemania y Rocheteau para los galos marcaron sus respectivos penaltis sin problemas, pero el lanzamiento de Uli Stielike lo detuvo el guardameta francés Ettori. El defensa alemán lloraba desconsolado sobre el terreno de juego mientras sus compañeros intentaban darle ánimos.

Al francés Didier Six le traicionaron los nervios. La presencia de Schumacher parecía hacerse más imponente cada segundo que pasaba. Littbarski, Platini y Rummenigge alojaron el esférico en la red antes de que Bossis se hiciera cargo del último penal para el combinado galo. Su disparo fue suave y Schumacher, que había intuido la dirección del lanzamiento, logró detenerlo. Todo dependía ahora de Alemania.

 

Horst Hrubesch fue el encargado de cerrar el encuentro y dar la clasificación a Alemania para una nueva final. Mientras los alemanes celebraban su victoria, los franceses lloraban tumbados sobre el césped, con un Platini totalmente desolado.

 

Julio Muñoz

Julio Muñoz

Periodista, especialista en fútbol internacional y retro. Escribo en Colgadosporelfutbol.com y me puedes seguir en @juliomv1982
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